Pegamento

Publicado originalmente en ¡Diablogs! el 10 de diciembre de 2009

La funcionaria levanta el auricular: “Oficina de tal por cual…”. Pasa un momento de silencio y su rostro se endurece. El ceño se le frunce y al final habla en voz alta, negando categóricamente aquello que alguien le solicita al otro lado de la línea. “Las condiciones no son favorables”, “el área no es competente”, “el tiempo ha caducado”…

Mientras habla, con el auricular apoyado en el hombro para dejar las manos libres, toma con ellas una botellita de yogurt bebible. Desenrosca la tapita y, en lugar de darle un trago, que es lo que se podría esperar, mete directamente el dedo, que sale mojadito en líquido blanco. No se lo lleva a la boca. Unta el líquido en un papel sobre su escritorio que luego voltea y golpea sobre otro: ¡es pegamento blanco!

Todo puede suceder en una oficina burocrática. Mientras pega sus papelitos con pegamento-yogurt, sigue hablando con su interlocutor. Sigue negando y los golpes a los papelitos son cada vez más fuertes y sonoros, casi rabiosos.

La mujer debe pasar ocho o nueve horas iguales a ese momento que me toca ver. Diario, semana tras semana hasta que llegue… ¿Hasta que llegue qué? ¿Su jubilación? ¿La oferta laboral de una empresa que la saque por fin del Ministerio para seguir pegando papelitos del sector privado? ¿Un milagro o un marido?

Por fin cuelga. Con expresión de impaciencia tapa la botellita de yogurt y la deja ahí, sobre el escritorio. A la mejor mañana se le olvida y se toma el pegamento.

(Transcripción de libreta: ¡todavía escribo a mano!)