“Pérdidas por piratería”: una enorme farsa de nuestro tiempo

codigocuadros

Los empresarios de la cultura nos están convenciendo de que usar o consumir sus productos sin su autorización representa pérdidas para sus negocios. Llamar “pérdida económica” al producto no vendido, aunque haya sido “consumido” de alguna manera, es una farsa, una mentira. Editores, productores de cine y música y desarrolladores de software han visto crecer sus ventas incesantemente durante décadas y décadas; desde que sus industrias quedaron establecidas en el modelo que hoy se ensañan en proteger con lobbys, leyes y mentiras que buscan convertir al estado en su cómplice a través de una forma de chantaje. La supuesta “fuga” comercial que acusan lastimeramente cuando ven que sus productos se copian y redistribuyen por canales que no les pertenecen, que no han diseñado ellos mismos, es independiente de una forma de hacer negocios que de cualquier manera crece (lo que ha disminuido es el ritmo en el que crece). Es como si una ambición infinita buscara sustento legal para satisfacer su insaciable sed de dinero. Si usted leyó tal novela en un formato que yo no produje, usted leyó criminalmente; si el software con el que escribe no generó un campanazo en mi máquina registradora, su texto es ilegítimo; si usted vio mi película a través de un canal que yo no controlo, usted me ha robado.

Es increíble que esta portentosa farsa, este engaño flagrante, se esté estableciendo entre nosotros como verdad. Y lo es porque oculta su fuente hasta desaparecerla: el derecho de acceder a la información, a la cultura, al producto de la creación humana, que debería ser tan universal como el que tenemos a la vida, a la salud y a la alimentación. Es hipócrita la organización del discurso de los estados cuando dicen que se deben resolver todos los problemas con educación, pero son incapaces de establecer una estructura adecuada para que la educación se realice, el acceso masivo de todas las personas a los productos de la cultura y a las herramientas para la creación. ¿De qué educación hablan si los recursos con los que esta debe realizarse son de acceso restringido y costo excesivo y, en último análisis, están destinados a enriquecer monopolios?

Suena estridente el coro de plañideras de los arcaicos empresarios (monopolios de medios, protectores de prestigios, miembros de elites “creadoras”) cuyo modelo de negocios, del que somos rehenes, se basa en alejar y obstaculizar el acceso a la cultura, a la información y a la creación de todos (y aun así insisten en que es a eso a lo que se dedican, a engrandecer nuestras secas vidas con sus edificantes productos). Lograrán quizás convencernos de que leer un libro, por el medio a nuestro alcance, nos convierte en ladrones.

Evitarán que sepamos que obligarlos a adecuarse a los medios de distribución contemporáneos es la forma adecuada para acabar con los negocios paralelos de copia y redistribución cuya creación ellos mismos auspician pues es una imitación de su propia estrategia fundada en la readecuación de los productos al poder adquisitivo de poblaciones alejadas pero interesadas en la producción cultural. Monopolios y piratas son dos caras de una misma moneda.

Evitarán que sepamos esto porque adecuarse al nuevo ritmo de creación y distribución significa para ellos la debacle. Porque habrá cada vez más creadores y menos consumidores; porque la rentabilidad de los negocios culturales será mucho más pequeña, más de medida humana, y no construirá prestigios, fantasías y estrellatos; no pagará limusinas y alfombras rojas, ni construirá rascacielos ni jets privados; será de a pie, será remix y colectiva; más terrestre, cercana y accesible.

Evitarán que lo sepamos para poder seguir sosteniendo un mecanismo enfermo y limitado de creatividad basada en productos construidos por el dictado del consumo. En este proceso, convencernos de que leer, mirar, usar y mezclar, como podamos, como queramos, libremente, es un crimen y merece penas, y se entiende como un cálculo que cuenta como perdido el valor de lo que nunca se produjo.

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4 Respuestas a ““Pérdidas por piratería”: una enorme farsa de nuestro tiempo

  1. Pingback: La mantira de la pérdida económica de la industria cultural por culpa de la piratería | La delgada línea azul

  2. Pingback: Hipótesis para demostrar falacias en torno al “derecho de propiedad intelectual” | Neptuno en la calle

  3. Macita, me encantó, ¿porqué no la reproduces en el Cabezón?

    El mecanismo de Bill Gates (creo que ya lo dije, pero no recuerdo donde) es que él no cobra por lo que valen sus productos, porque su valor debe ser equivalente a cualquier libro, pero, él lo que cobra es un plus por el dinero que tú vas a conseguir con el trabajo de él, o sea: él se ha convertido en un Vil Recaudador de Impuestos Pirata. ¿qué tal que cualquier escritor cobrara un plus por el esclarecimiento que puedas obtener con la lectura de sus libros?

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