Élites y creación literaria

Me invitaron a ser jurado en un concurso de literatura muy privado y bastante simpático. Fuera de cualquier circuito literario “institucional”, se trata de una iniciativa “cultural” al interior de un club deportivo privado de “altísimo nivel” en el Perú, famoso por haber prohibido hasta hace poco tiempo que las mujeres pudieran ser asociadas a título personal. Durante años y años, sólo hombres gozaban de ese derecho, y hasta hoy, dentro sus filas se cuentan algunas de las familias más acaudaladas del Perú.

De la experiencia resaltan un montón de cosas, como por ejemplo, que no tengan presupuesto para pagar honorarios a los miembros del jurado, y que lo más que puedan hacer es ofrecer pasar un día en el club como si fuéramos socios. A mí no me entusiasma la posibilidad, pero he aceptado la propuesta porque me la ha hecho una autora que estimo y que se toma entre las manos la tarea de echar a andar actividades culturales dentro del club.

Lo más impresionante de la experiencia, sin embargo, es constatar que la calidad literaria de los manuscritos sometidos al concurso no es baja: ¡está ausente! No sólo no saben escribir (páginas plagadas de errores ortográficos, sintácticos, argumentales), sino que en sus manuscritos dejan traslucir los prejuicios con los que viven acerca de sí mismos como clase “dirigente”, y de los demás, de la cholada, la negrada y la indiada peruana. He tenido que leer supuestos relatos cortos llenos de racismo solapado, y machismo manifiesto; plagados de jerarquías domésticas no problematizadas y de miradas bucólicas sobre los Andes y otras provincias, que tienen como punto de vista solariegas casas-hacienda desde las que se ve al pueblo (sobre)vivir.

Debo estar equivocado, pero me sorprende ese nivel menos que básico en cuanto a conocimiento de la literatura y de manejo del lenguaje en las “creaciones” de un grupo de miembros de un club en cuyas huestes se cuenta lo más granado de la sociedad peruana: sus empresarios, sus profesionales, sus dirigentes económicos, sus gloriosos “emprendedores”; la vanguardia económica de un país que vive un supuesto boom de desarrollo. El crecimiento económico peruano, si esta experiencia sirviera de muestra de lo que sucede a nivel nacional, está en manos de personas para las que “literatura” y “cultura” son cualquier cosa, pero que no pararán de quejarse de los lastres educativos que tiene el país. Y eso explica en cierto modo que todo el discurso de la inclusión y la pluriculturalidad se mantenga al margen mientras el territorio nacional se entrega a las corporaciones mineras internacionales y se vende a precios puestos en el exterior.

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